Vidas paralelas
(Partes 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - 6 - 7 - 8)
de Cristy

 

E-mail: Kat_x535@yahoo.es o Kat_x535@hotmail.com
Disclaimer: ¡Juro por la Biblia Sagrada, por los episodios de X- files y por las fotos comprometidas de mi hermana que estos personajes no son míos! Que conste que estoy bajo fianza ya que un tal CC me ha demandado por haber dicho la verdad... ay, que ver! Que mania... no son suyos... ay!
Dedicatorias: A todos vosotros, a los fans de la serie, a todos los X- philos de España que esperan impacientes la octava temporada de Expediente X en Telecinco. A los que le gustan mis relatos y a los que no pero especialmente se lo dedico a: Dimna (mi hermanita y mi niñita querida a la que tanto quiero, gracias por tu confianza y sinceridad), Lylou (mi hermana mayor a la que ambas hemos compartido tanto y me has apoyado en todo lo que hago), Brooke (mi niñita por e-mail que me manda unas cosas fabulosas, gracias!! Tu página es estupenda), Juan Pedro (subcube1, gracias por las largas y bonitas charlas en el msn, eres un chico fantástico y vales mucho), Dana69 (aunque no hayamos hablado mucho, quiero felicitarte por tu web y por tus fabulosos relatos), Fanny (gracias por tu apoyo, quiero decirte que tus palabras me han ayudado mucho para seguir escribiendo y espero que sigamos siendo amigas), Daniela (espero saber de ti, tu relato es fantástico y quiero darte las gracias por habérmelo dedicado), Karina (una chica guapísima y muy maja que acabo de conocer en el msn... x cierto, gracias por tu opinión y anímate a escribir aunque sea inténtalo!) y la comunidadx (sin vosotros no sería nadie).
Spoiler: Ninguno... no existe.
Resumen: ¿Os lo habéis preguntado alguna vez?. Que hubiese pasado si Dana Scully escogiese otra opción, otro camino. Dos vidas paralelas, separados por un fino margen. Hubiese sido posible que Mulder y Scully predestinados a estar juntos en el futuro, era posible que se hubiesen conocido a través del tiempo. Esta vez puede que si...
Tipo: MSR, NR-18, erótica y un poco de humor.
Feedback: Sugerencias, críticas, abucheos y mucho más en mi dirección de correo.
Nota de la autora: No es apto para gente que sea sensible a los relatos eróticos. Se lo dedico a mi novio que fue él que me dio la idea de escribir este relato y me sugirió el titulo.


Vidas paralelas

“Dos líneas paralelas nunca se juntan”


El despertador suena, más bien, da la voz de alarma, y el agente Fox Mulder intenta apagar ese sonido tan irritante colocándose la almohada por encima de su cabeza. El ruido no cesa así que no tiene más remedio que apagarlo. Al rato se vuelve a quedar dormido hasta que un golpe en la puerta le sobresalta. El repartidor lanzó con demasiada fuerza el periódico del día.

Mulder- Debería borrarme de esa maldita suscripción –maldijo entre dientes, acto seguido mira el reloj y se lleva las manos a la cabeza -¡Mierda, llego tarde! –se levantó apresuradamente de la cama.

Se duchó, se peinó su alborotada cabellera y se vistió.

“El desayuno tendrá que esperar” pensó él al observar la puerta del frigorífico con suma atención “pediré un café y unos bollos en la cafetería de al lado”.

Una vez allí, ve ante sus horrorizados ojos, el ajetreo de la gente, la cafetería está completa y la inmensa fila de gente los cuales se hallaban esperando en las cajas pareciera que no tuviera fin. Cambió rápido de opinión y comenzó a caminar hacía atrás en dirección a la salida, de repente se choca con alguien a sus espaldas. Se gira violentamente y se encuentra con una mujer de unos veinte y largos años que acababa de derramar el café entre la chaqueta de éste y el suelo.

M- ¡Perfecto! –exclamó malhumorado –¡llego tarde al trabajo y ahora esto! -.
Mujer- ¡Qué! –gritó ella muy enojada –¡a ver si mira por donde va, estúpido! -.

Iba a abrir la boca para responderla pero al final cambió de idea y prefirió ignorarla. Se dio la vuelta y se marchó sin pronunciar ni media palabra.

Mujer -¡Eh, usted! -vociferó alzando al máximo el tono de voz -¿¡quién me va a pagar el café!? –el extraño no la contestó -¡¡Idiota!! –exclamó furiosa.


Cuartel general del FBI
Edificio J. Edgar Hoover
Washington D.C.
Oficina de los Expedientes X
12:30 P.M.



Después de tener una larga charla sobre puntualidad con su jefe adjunto, comenzó a repasar expedientes los cuales ninguno obtuvieron explicación alguna al transcurso de los años. No había mucho trabajo, hoy por la mañana, pero tampoco eso le importó.

Una larga pila de expedientes le esperaban encima de la mesa, pero la pereza le impidió ordenarlos así que se limitó a guardarlos tal y como estaban en el cajón, ya los ordenaría más tarde.
Hacía un día estupendo, el sol brillaba con todo su esplendor y en el cielo no se divisaba la amenaza de ninguna nube que tuviera intención de arruinar este soleado día. Muy pocas veces salía del edificio y disfrutaba del día como hoy. Compró el almuerzo en un puesto de comidas que se situaba al lado de las oficinas y se encaminó hacía el parque de George Washington con la intención de disfrutar una deliciosa comida sin que nadie le interrumpiese.

Durante el almuerzo puso la mente en blanco, por primera vez en mucho tiempo, la cabeza no le atormentaba con descabelladas ideas de las que su mente esta tan acostumbrada. Al finalizar su apetitoso almuerzo, su cabeza instintivamente se puso en marcha. Repasó los acontecimientos de su aburrido día: se levantó una hora más tarde que de costumbre, no desayunó y al ir a la cafetería se encuentra con todo esa multitud invadiendo el local como si se tratasen de perros salvajes, pero lo que más le irritó la mañana fue una mujer. Por un instante pensó que era odiosa pero al poco después un pensamiento le vino a la mente.

“Hay que reconocer que era bellísima”.

Al percatarse de esos pensamientos, no muy propios de él, azotó su cabeza con fuerza para borrar de su memoria cualquier inicio referente a esa mujer.


Residencia Waterson
10:30 A.M.


Se movió hacía el lado contrario de la cama cuando entonces, sus manos captaron la solitaria y fría superficie de las sabanas. Se sobresaltó al no tocar la piel cálida de su amado, se incorporó rápidamente de la cama. A su lado no estaba él, su compañero, amigo y esposo. Al principio se asustó pero a los pocos segundos después, asimiló la más absoluta realidad. Todas las mañanas le pasaba lo mismo, ya era una costumbre pero siempre tan desagradable...

El doctor Daniel Waterson, se hallaba en el hospital, como todos los días, trabajando en el difícil mundo de la cirugía. Miró el reloj de la mesilla; las 10:31 de la mañana, hoy era sábado pero aún así, su esposo, la palabra “descanso” no existía en su vocabulario. Estaba completamente obsesionado con él y aunque ella, su trabajo en el campo de la medicina era importante y se lo tomaba de manera reflexiva, tampoco su oficio le impedía conciliar el sueño y volver a su hogar como todas las noches. Lo único que pudo hacer en esos momentos, fue suspirar con resentimiento y levantarse de la cama dispuesta a preparar el desayuno, sola como todos los días.

No tenían hijos, pero tampoco aquello le importó ya que lo consideraba demasiado temprano para ocuparse de ellos. Le encantaba ser doctora y ejercer su profesión, por ello, concebir un niño tan precozmente lo estimaba de innecesario.

Mientras desayunaba en su habitual mesa, recordó que debía hacer algo de suma importancia.

S- No me acordaba... ¡mierda! –maldijo al tiempo que pegó un puñetazo en la madera, muy enfadada consigo misma por su total despiste.

Sin perder más tiempo, ya que para ella el tiempo lo consideraba parte muy significativa de la vida, y perder ese preciado tiempo, lo juzgaba como un verdadero crimen para su futuro. En este aspecto, Dana Scully era muy maniática, con todo más bien, pero especialmente con el tiempo. Se vistió lo más deprisa que pudo y se dirigió al banco para ingresar dinero en la nomina.

Cradock Marine
E. Street. St.
Washington D.C
11:20 A.M.



Entró en su interior, y el terror se apodera de ella a causa de la inmensa multitud que se hallaba esperando en las ventanillas. No le queda otro remedio que esperar... mientras la doctora Scully aguarda en la fila como todo el mundo, un hombre de unos treinta años aproximadamente, buen aspecto físico, ojos verdes y muy atractivo, posan sus ojos justo en el escote. Después de apartar por un instante sus ojos de ahí, la observa y acto seguido Scully contempla una expresión un tanto extraña en su rostro ya que juraría que él la conocía de algo, en cambio ella, no lo había visto nunca hasta hoy. Se miran a los ojos y ésta le lanza una fulminante mirada lo que le ha indicado que ella se ha percatado enseguida que la estaba mirando descaradamente los pechos.

Éste se sonroja y desvía la vista, concentrándose nuevamente en la cantidad de gente que se hallaba delante. De repente sin saber la razón, vuelve a observarla y para su completa sorpresa, ésta continua mirándole, frunce el ceño sin entender nada y él avergonzado retorna la vista al frente.


Apartamento de Fox Mulder
Alexandria, V.A-
21:30 P.M.


Atento a la brillante pantalla del televisor, con la vista fija en ella y la mente en otro lugar, comienza a dejar que su imaginación y sus sentidos lo hagan volar. Tumbado en el confortable sofá cuyo mueble se ha convertido día tras día en un objeto indispensable para dormir ya que en su apartamento carece de dormitorio y mucho menos de una cama.

Su mente diseña y su imaginación dibuja, dibuja pequeños espacios, sensuales y excitantes contornos. Se deja arrastrar por el deseo y el gozo, desliza su mano hacía su sexo, marcando una salvaje armonía por encima de sus pantalones.

Ella... una mujer completa y desconocida que a pesar de no poseer ningún pensamiento positivo hacía su persona, desconoce el motivo de que no pueda dejar de pensar en ella. En su cabello, en sus manos, en sus labios pero en especial en su hermoso escote. Una prenda de vestir lo bastante provocativa para permitir que su mente le juegue una mala pasada, pero es que no puede evitarlo... su naturaleza humana es así. Cuando una mujer bonita, de aspecto joven y angelical se posa ante sus ojos, es imposible que su zona más intima no se endurezca imaginando lo sensual que sería hacer el amor con ella en este mismo sofá.

El júbilo y la dicha que se producen en él a medida que su mano va incrementando el ritmo, provocan que el agente Mulder desabroche la cremallera de sus pantalones para sacar su rígido pene y sostenerlo entre sus manos. La habitación comienza a inundarse de gemidos y de un intenso calor que incitaba al agente Mulder a moverse más deprisa. Sube su temperatura corporal al tiempo que piensa en ese voluptuoso escote el cual se llegaba a apreciar parte significativa de sus pechos.

Con una mano, dedicó parte de su tiempo ocupado a cierta parte de su cuerpo mientras con la otra, arroja su camisa mal desabrochada al otro extremo de la habitación. La mano sube y baja despacio, por el momento, hasta que lentamente es consumido por la lujuria y el vicio de querer más de lo que se posee. Echa su cabeza hacía atrás al tiempo que se recuesta y se apoya en el respaldo.

Se muerde el labio inferior a medida que aumenta su movimiento dando paso a un dinamismo casi frenético por alcanzar el ansiado orgasmo. Empieza a acariciarse el pecho al tiempo que crece el ritmo de sus manos. Moldea su pene con la mano, sintiendo el palpitar de sus venas en ella. Intenta imaginarse su cuerpo desnudo, un cuerpo perfecto, una imagen perfecta la cual quedaría grabada en su memoria por cada día que se masturbara pensando en ella.

Esta a punto de llegar, a un lugar perfecto, a un exquisito paraíso repleto de placeres, al lugar donde siempre soñó. La cara comienza a arder, el calor se apodera de él y su cuerpo se retuerce bajo el sofá. Fantasea con los hermosos gemidos de ella mientras él se dedica a penetrarla mientras con las dos manos toca sus bien admirados bustos. Ante su visión, no puede contener por más tiempo sus gemidos y estos retumban por toda la habitación. Sin duda, los vecinos escucharon sus estridentes orgasmos. Su respiración vuelve poco a poco a la normalidad, tiene mucho calor y su corazón late a gran velocidad. Se toca el pecho, respira muy hondo y se levanta del asiento para dirigirse al baño. Desde allí se llega a distinguir el agua de la ducha cayendo sobre el cuerpo cálido del agente Mulder. Las gotas de agua recorrían su cuello, su hombros, sus brazos... todo él estaba siendo purificado por ese torrente de agua.

M- Me he masturbado pensando en ella –musitó él al tiempo que se acariciaba suavemente el cabello muy sorprendido por lo que acababa de hacer.

Residencia Waterson

Dana Scully escuchó la puerta de su domicilio abrirse, era su marido que recién había llegado del trabajo después de una dura jornada. Ella enumera cada cosa que él hace desde que entra en casa:

<<Primero, se irá al baño a ducharse para despejar sus ideas, luego comerá lo que le he preparado y acto seguido llegará a la habitación con algún estúpido pretexto y se acercara para besarme>>.

Llevan un año y ocho meses de matrimonio, y su propio amor los ha consumido de tal forma que ahora solo quedan pequeños pedazos de algo que nunca fue. Los dos, aunque nunca hablaran personalmente sobre ese tema, siempre se consideraron mutuamente los mismos culpables de que su relación empeorarse de mal en peor. Todo aquel mágico amor desvaneció, la intensa pasión que les ataba desde ese primer día que se conocieron en la facultad, se había transformado en escarcha.

Las noches eran siempre igual, ella conocía a la perfección su tan típico ritual y él sabía lo que le esperaba en casa. Cada día que pasaba les separaba un gran muro de piedra, tan grande que pareciera que nunca más pudieran ver la luz con sus propios ojos. Una luz brillante y azulada que coexistían en sus ojos durante años, pero que aquello iba desapareciendo súbitamente de sus miradas.

La doctora Scully intentaba por todos los medios que sus lágrimas no le saltaran de sus ojos, pero la verdad era un duro y difícil esfuerzo para ella. No deseaba recaer, que su marido no la viese en ese estado, tal vez no quería aceptar que las cosas fuesen mal o que si él la escuchara llorar entonces, a lo mejor, comenzarían a iniciar una charla que ambos no deseaban oír.

No consiguió su propósito así que no pudo reprimir sus sollozos y el propio doctor Daniel Waterson la oyó. Intentó ignorarla, trato de hacer caso omiso a su lloriqueos, se esforzó para que aquello no le afectase, así que tan frío como el hielo sin pronunciar ni media palabra le propicio con un sutil beso en la mejilla.

S- Siempre igual... –farfulló en voz baja al tiempo que éste fingía no haberla escuchado.

Evocó viejos recuerdos con su amado antes de que el odio se antepusiese entre ellos, antes de que el amor se convirtiera en ceniza. No recordaba la última vez que su esposó la tocó ni cuando la tuvo entre sus brazos, ni tampoco cuando él la hizo suya. Sus gestos, a veces, presentían que les faltaba algo o que era más que suficiente. Nunca se hallaban en un término medio. En ocasiones, sus miradas les quemaban y otra veces lo necesitaban, y cuando lo primero ocurría, solo podían evitarse y desviarse hacía otro sendero.

A penas mantenían una conversación y menos, hablan sobre cómo les ha ido el día, a pesar de que ambos trabajen en el mismo hospital.

<<¿Qué va a ser de nosotros si cada día te siento más lejos de mí, si cada vez nos sentimos más lejos, y si nos desviamos y nunca más podemos regresar?>>.

<<Tal vez nos transformemos en arena y sal>>.


Bar San Francisco
21:30 P.M.
Dos días después


El ambiente sobrio y solitario de la noche que les fue embriagando despacio a cada cliente del bar. El humo, ese olor claustrofóbico que agobiaba a Dana en lo más profundo de su ser. Desconocía el motivo de su presencia en este local pero por otra parte necesitaba estar fuera de su apartamento, lejos de la monotonía y de la soledad. En la entrada, visualizó el lugar con suma atención, se fijó detenidamente en los presentes, no conocía a nadie y eso le alivió de una extraña manera.

Eso pensó... pero cuando puso sus ojos sobre la barra, un hombre bebiendo... más de alguna copa... el hombre que conoció hace dos días en un banco. Tomó aire y lo dejó escapar súbitamente, se aproximó hacía allí.

<<No creo que me recuerde, ahora esta demasiado borracho para que haga memoria y además... porque iba a seguir acordándose de mí. La verdad, es que yo tampoco debería pensar en aquel desagradable incidente>>.

Pidió a la camarera una copa de ron y se sentó en el único sitio libre que no se encontraba ocupado, al lado de ese extraño hombre. Una vez que la camarera le sirvió la bebida, bebió a sorbos de su copa y acto seguido lo colocó encima de la barra. Aún con la copa en la mano, sintiendo el alcohol descendiendo de su garganta como excitantes y burbujeantes burbujas de gas. Inmediatamente, el hombre, Fox Mulder, se giró para mirarla con ojos de cordero degollado. Como era de esperar, en aquellos instantes, no la reconoció.

M- Sabe una cosa –se le formó una patética sonrisa en los labios –es usted, una mujer muy hermosa... seguro que no tiene problemas y aún menos con el gobierno -.
S- ¿¡Qué!? –preguntó con desconcierto -¿¡de qué está hablando!? -.
M- Mi vida, señorita, nunca ha sido de esperar... soy el peón de una conspiración más allá de los con fines del universo. Con el fin de ocultar a la humanidad la existencia de vida extraterrestre. Nadie me cree ni siquiera mis superiores, amigos o compañeros. Cuyo seudónimo “Mulder, el siniestro” me llaman por donde quiera que voy, cargado a la espalda como una maldita carga, encima de mí –ella, tras escuchar esto se quedó totalmente anonada -¡Por favor, otra copa de whisky! –hizo una señal a la camarera.
S- ¡No más por esta noche! –levantó la mano para indicarla que se detuviera -¡está demasiado ebrio! –dirigiéndose hacía la camarera.
M- Desde cuando se preocupa por los desconocidos -.
S-Bueno... –la dejó sin habla –soy médico -.
M- Claro, y por ello no le gustaría que estuviera en una especie de coma etílico -.
S- Así es, la verdad, acabo de salir de trabajar y no me gustaría volver al hospital –su comentario le arrancó una sonrisa al agente del FBI –le pediré un taxi... –le ayudó a levantarse y colocó su brazo alrededor de su cuello para apoyar parte de su peso en la espalda, a penas el pobre podía mover un músculo más de su cuerpo y aquello le dificultaba la tarea de llevarlo hasta un taxi –creo que tendré que llevarte hasta tu casa –Scully lo dijo así sin más y esto sorprendió tanto a él como a ella.
M- No hace... –no tuvo tiempo de acabar la frase ya que produjo un fuerte sonido en su boca –lo siento –ella sonrió con hipocresía.
S- ¡¡Taxi!! –el conductor se paró en seco y ayudó a la doctora introducir a Mulder en el coche, y una vez hecho esto, ella entró, dentro con él.
Taxista- ¿A dónde vamos, señorita? –dirigió una mirada al retrovisor para mirarla con más minuciosidad.
S- Pues... –observó hacía Mulder para preguntarle y para su completa sorpresa, éste se había quedado dormido en el respaldo –espere, un momento... por favor –rebuscó entre sus bolsillos y después de unos segundos, sacó su cartera y ahí pudo observar la dirección de su apartamento –a Arlington, por favor –el taxista se lo confirmó con un leve movimiento de cabeza.

Al llegar a su apartamento, Dana pagó al taxista y seguidamente, ayudó al agente a salir del automóvil. Después del duro esfuerzo que consistió en dejarle en su casa de una sola pieza, lo echó encima del sofá. Acto seguido, él, con sus ojos medio cerrados y con una mirada casi perdida en el horizonte le dijo:

M- Gracias, quien quiera que seas –trató de sonreír para que Scully se convenciera de que estaba en perfectas condiciones.
S- De nada –a pesar del pequeño incidente hace dos días en un banco, a pesar de aquello, no parecía tan mala persona, es un ser humano y un hombre a veces tiene sus necesidades aunque en el caso de su marido lo dudaba –te traeré una manta –buscó por todos los rincones de su casa en busca de una manta pero al parecer era una persona un tanto desordenada y le pareció imposible encontrar una entre tanto desorden –¡creo que ya lo he encontrado!- gritó desde el otro extremo de la habitación.

Cuando caminó en dirección al salón, le vio dormir placidamente en el sofá. Sin saber el motivo exacto, la razón que le ha traído hasta aquí, hasta esta situación ¿tan aburrida estaba?.

Se acercó lentamente hacía él, con pasos firmes y pausados, le tapó con la manta y le propició un dulce beso en la frente.

<<¿Por qué lo habré hecho?>> pensó ella.


El agente Mulder se sobresaltó, había tenido una horrible pesadilla. Se frotó su rebelde cabellera y acto seguido contempló su reloj de pulsera.

M- Las 5:30 de la madrugada –un fuerte dolor le azotó en la cabeza –menuda resaca... –intentó hacer memoria –no recuerdo haber llegado hasta aquí yo solo –cerró los ojos con fuerza, tratando de profundizar a través de sus recuerdos –no me acuerdo... – inesperadamente el rostro de una mujer le vino a la mente –ella... –susurró con cierta confusión.

Posó sus pies en el suelo, se agarró a la cabeza con los ojos aún cerrados, parpadeó varias veces y dirigió una mirada a la mesita de café que tenía justo enfrente. Una nota de papel... la cogió y comenzó a leer:

“Si necesitas ayuda o te encuentras mal, llámame a este número:
(202) 555 6265

Besos:

Dana. K. Scully


M- Así que se llama Dana... –musitó para sí mismo – así que tu has sido la culpable... la que me ha llevado a mi apartamento sano y salvo... –acarició con cuidado la superficie áspera de papel.



To be continue…