Hobglobins:
Invasión
(Partes 1 - 2 - 3)
de Damián
Código Personal: Dx08, Junio, 2000
Tipo: x-file, WIP
Rating: PG
Spoilers: La historia está ubicada temporalmente durante la
séptima temporada, como se suele decir "Requiem (7x21) nunca ocurrió".
En cuanto a Spoilers, hay referencias a The Erlenmeeyr Flask (1x23); Two
fathers (6x11) y One son (6x12). Es la continuación de HOBGOBLINS 1
(Duendecitos Verdes)
Resumen: ¿EL fin del mundo?, quizás no sea como los autores de
ciencia ficción lo hayan imaginado; quizá los extraterrestres no sean
los duendecitos verdes que pensamos.
Disclaimer: Con este relato no pretendo ningún compensación
económico, o sea, no tengo ningún fin lucrativo con esto, lo único que
trato es contar historias usando los personajes creados por la 1013,
Chris Carter y la Fox.
"Invasión"
1
"Desde la antigüedad el hombre se ha interesado por el espacio. Y entre
los millones de objetos, cuerpos, moléculas que orbitan solitarias por
el universo, una ha llamado extremadamente la atención de los hombres.
Antes de que existieran los primeros telescopios modernos, ya astrónomos
de Grecia y Roma le habían dado nombre a este objeto. Por el intenso
color rojo de su superficie, que recuerda a la sangre, lo llamaron igual
que su dios de la guerra. Marte. Este planeta es el más cercano a la
Tierra, por lo que siempre se ha pensado en la posibilidad de que
existiera vida en él. Ya en el siglo XIX, un astrónomo observó las
marcas de la superficie del planeta y creyó que contemplaba una inmensa
red de canales de transporte de agua en un sitio árido construidos por
una especie inteligente. Cuando comenzó la carrera espacial en el siglo
XX, los Estados Unidos y La Unión Soviética enviaron varias naves que se
acercaron a la pobre atmósfera marciana. Éstas naves descubrieron que
Marte estaba repleto de gigantescos accidentes geográficos, como el
Monte Olimpo, tres veces más grande que el Monte Everest de la Tierra.
En 1976, la Nasa envió dos astronaves que lograron posarse en la
superficie del planeta rojo. Las Viking 1 y 2 descubrieron que Marte era
sólo un planeta rocoso con una tenue atmósfera repleta de dióxido de
carbono, por lo que la vida allí es imposible. En 1997 llegó a Marte la
misión Mars Pathfinder, que llevó un pequeño vehículo llamado Sojourner,
quien recorrió un sector de Marte y envió imágenes por Internet a toda
la Tierra. Entonces se reanudó la investigación del planeta rojo. Se
programaron otras misiones para los años siguientes, como la Mars Global
Surveyor, la Mars Climate Orbiter y la Mars Polar Lander. Ya se pensaba
en mandar a Marte una misión tripulada para principios del siglo XXI. Lo
que se había dejado de lado era la búsqueda de vida en Marte. En estos
tiempos se creía sólo en la posibilidad de que Marte haya estado poblado
hace mucho tiempo, quizás haya habido vida alguna vez, pero ahora era
inexistente. Y estaban equivocados. Muy equivocados. En una de las
misiones enviadas a la superficie marciana, se recolectaron piedras,
rocas del terreno, pedazos de Marte. Inesperadamente, aquellas rocas
trajeron a la Tierra la verdadera vida que hay en Marte. Minúsculas
bacterias inofensivas, encerradas en esporas y en estado latente.
Incapaces de procrearse y poblar el árido planeta rojo. Los científicos
que descubrieron ésta vida extraterrestre estaban maravillados. Tan
asombrados que fueron ciegos cuando veían lo que tenían en las manos,
que encerraban esas inocentes bacterias. Pero fue demasiado tarde. Ese
arma se liberó y ahora tiene la posibilidad de acabar con toda la vida
existente en nuestro planeta. Los seres humanos no están preparados para
esta INVASIÓN marciana".
-Annapolis-Maryland-Estados Unidos
-8/12/00-3:32 a.m.
Scully levantó el teléfono en medio de la noche. Estuvo sonando un rato
largo hasta que atendió. Todo el sueño se le fue de repente cuando
escuchó la noticia. El que la llamaba era un policía, avisándole de la
muerte del doctor Herbert McDouglas. La llamaron a ella por que el
doctor llevaba una agenda con su teléfono cuando lo encontraron esta
madrugada. Estaba por llamar a Mulder, pero lo dejó para la mañana. El
seguramente estaba durmiendo profundamente ahora. O, por lo menos, eso
creía.
Cuando llegó a las oficinas del FBI fue interceptada por el subdirector
Walter Skinner. La noticia que recibió de él fue terrible. Mulder estaba
internado en el hospital Memorial de Georgetown. Según palabras de
Skinner, Mulder había recibido un disparo en la noche, una vecina había
llamado a la policía y lo habían encontrado tirado e inconsciente en el
suelo de su casa. También había a su lado un hombre de más o menos
cincuenta años a punto de morir.
Scully y Skinner partieron en seguida al hospital. La bala había
impactado en un codo de Mulder y ya estaba fuera de peligro. Sólo debía
reposar un tiempo. El agente le relató a Scully como había llegado
George Spender a su casa, todo lo que le había contado y sobre el
disparo de Alex Krycek. Luego de creer que George Spender estaba muerto,
le disparo en el hombro advirtiéndole que no se meta en esto si quería
seguir viviendo.
Skinner estaba totalmente confundido. No entendía de que hablaban, y
tampoco los agentes querían que entendiera. No valía la pena arriesgar a
más gente. Scully le contó a Mulder sobre la muerte del doctor
McDouglas, quien seguramente también fue asesinado por esas personas
inescrupulosas, igual que el doctor Stontecker. Luego fue a ver como
estaba George Spender. Su estado era muy grave. Al contrario que Mulder,
llevaba encima decenas de tubos y aparatos. La bala de Krycek le había
perforado un pulmón y los médicos luchaban por salvar su vida. Estaba en
coma y parecía que no le quedaba mucho tiempo. Scully se le acercó y
miró sus ojos cerrados.
En ese estado parecía un niño indefenso. Mulder apareció en la
habitación tras Scully.
Llevaba todavía su bata blanca y los ojos ojerosos.
-El intentaba prevenirme- dijo Mulder.
-¿Prevenirte de qué?- contestó Scully.
-De los hombres que están detrás de todo, los hombres que inocularon ese
virus enigmático en los hombres, mujeres y niños que vimos en el
almacén. Los mismos hombres que venimos enfrentando desde hace años; que
ahora tienen el poder de acabar con nosotros y todo el mundo en poco
tiempo, sin que exista nadie capaz de detenerlos.
Ambos agentes se quedaron callados observando a George Spender, otra
víctima de esta conspiración, no gubernamental, sino internacional y,
tal vez, interplanetaria.
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2
-Pittsburgh-Pennsylvania-Estados Unidos
-10/12/00-23:50 p.m.
El lugar era solitario a estas horas de la noche. Harry Drews se cuidaba
de que nadie lo viera. Estaba ocultándose de los hombres que alguna vez
ayudó. Ya no quería ser parte de todo eso, de esa matanza sangrienta y
horripilante. Ahora quería vengarse, sacar a la luz todo esto, aunque
sea de la peor forma. Desde lo que le habían hecho a su amigo, su
colega, su aliado David Stontecker, todo había cambiado para él.
Espero oculto un tiempo inexacto hasta que se introdujo en el almacén de
Roush Tecnologies. Evadió la guardia, que ya conocía, y se introdujo en
los congeladores para extraer algunos refrigeradores con el virus que el
mismo y otros hombres habían estado investigando durante más de un año.
El conocía de todo lo que era capaz y el poder que ahora tenía en sus
propias manos. El mismo poder que esas personas querían liberar, no hoy,
no mañana, pero pronto. Mostrándolo ahora se aseguraba desbaratar todo
lo que ellos tenían planeado.
Se escapo del lugar entre las sombras y se fue de la ciudad lo más
rápido que pudo. Se aseguró de que nadie lo siguiera y, mientras miraba
los refrigeradores que llevaba, no creía tener tanto poder en sus manos.
Viajaba en un ómnibus en la noche, rodeado por una docena de gente
inocente, incapaz de imaginar todo lo que se ocultaba dentro del
gobierno, más arriba, y quizás más arriba de lo que el mismo pudiera
imaginar. Sólo había sido un aparato, un instrumento de esos hombres
poderosos, esos hombres sin nombre inexistentes para el resto de la
sociedad, pero demasiado influyentes en ella.
Cuando llegó a Washington D.C. pensaba en una sola cosa, un solo nombre
sonaba en su cabeza, un nombre que había escuchado de esos hombres
poderosos. El nombre de una persona con la capacidad de detener la
masacre que se avecinaba, el apocalipsis biológico que preparaban los
conspiradores. Mulder. Ese era el nombre.
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3
-Arlington-Virginia-Estados unidos
-14/12/00-12:31 p.m.
¿Por qué ese hombre la miraba tan raro?. Ese era el pensamiento que se
cruzaba por la cabeza de Paula Meredith. Estaba esperando un taxi en las
afueras de Washington D.C. cuando se cruzó con ese hombre extraño. Tenía
los ojos ojerosos y rojos, parecía un adicto. Eso creía Paula. Le
pareció ver al hombre siguiéndola, pero seguramente estaba sugestionada
por los noticieros y diarios del todo el país. No hace falta hablar de
la seguridad en estos tiempos para darse cuenta.
El taxi llegó justo cuando el hombre se abalanzó sobre ella. Estuvieron
forcejeando unos segundos hasta que el taxista los separó. Fue todo muy
rápido, lo único que recuerda es el aerosol que el hombre llevaba en la
mano. No se llevó nada de ella. No quería robarle, fue muy extraño.
Cuando llegó a su casa comenzó a sentir calor y un hormigueo en el
abdomen. Creyó que estaba incubando alguna enfermedad, tal vez una
gripe. No sabía cuan equivocada estaba. Se sentó y se puso un
termómetro. 40º y subiendo. No estaba tan bien como creía. Transpiraba
por lo que se puso un paño frío en la frente. Sintió una leve mejoría a
causa del frío. Se acostó y llamó a un médico. Demora, no vendría en
menos de tres horas. Todo Washington sufría por gripes y resfríos este
invierno.
Se quedó esperando acostada y se durmió levemente. Al despertarse casi
muere del susto. Su cuerpo estaba cubierto de erupciones rojas.
¿Viruela?. No, era imposible. Ya el calor era insoportable, transpiraba
como un condenado a muerte en sus últimos minutos de vida. Pero debía
esperar. Todavía no habían pasado ni dos horas. Ahí fue cuando escuchó
el ruido. Unos pasos que venían de afuera de su casa, cerca de la
ventana.
Se acercó poco a poco, llevando en la mano un cuchillo de cocina. Cuando
abrió la ventana no había nada ni nadie. Después sonó el timbre. ¿El
médico?. Podría ser. Abrió y frente a ella estaba ese hombre, el mismo
que la había atacado en la parada de taxis. Pero esta vez el hombre
llevaba guantes y mascarilla. Sin decir una palabra, se abalanzó sobre
ella y la amordazó, cubriéndole la boca y el rostro. Le ató los brazos
por detrás y también las piernas. Buscó un congelador por toda la casa y
lo vació. A pesar de los pataleos de Paula y su forcejeo logró
introducirla dentro del congelador y lo cerró. Luego lo enchufó y todo
se acabó ahí.
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4
-Arlington-Virginia-Estados Unidos
-15/12/00-11:03 a.m.
-¿Mulder dónde estás?- dijo Scully al celular mientras hablaba con su
compañero.
-En el hospital Memorial de Georgetown- respondió él.
-Vine a ver a George Spender, pero sigue igual, más de una semana en
coma, los médicos no saben que hacer para salvarlo- siguió el agente.
-Mulder estoy en Arlington en un caso que tal vez tenga que ver con lo
que estamos investigando. Una mujer fue encontrada congelada en su casa
y con el cuerpo cubierto de erupciones rojas como de viruela- dijo
Scully.
-¿De verdad?. Vigila bien el cuerpo, que no salga de congelamiento, el
virus podría reactivarse y contagiar a todo el mundo.
-Por eso estoy aquí, le pedí a la policía que dejen el cuerpo en la
morgue para practicarle una autopsia y descubrir si es el mismo virus.
Scully dijo esto antes de cortar, mientras era observada a lo lejos por
un hombre cansado, que parecía no haber dormido en las últimas horas por
lo que mostraba unas enormes ojeras. El hombre llevaba en la mano un
aerosol muy peligroso. El mismo hombre era muy peligroso, estaba a punto
de colapsar y volverse loco. Su énfasis en conseguir la venganza lo
atormentaba, lo hacía buscar medios poco ortodoxos y de gran
peligrosidad para la gente inocente. Un solo error podía desatar una
epidemia indeseada, indeseada aún por las personas que crearon el virus.
Cuando la agente llegó a la morgue, tuvo un grave enfrentamiento con el
jefe de la policía. A pesar de lo que había ordenado, el cuerpo no
estaba allí. El jefe de la policía también estaba confundido. Dijo que
sus hombres habían hecho todo lo que Scully dijo. Le habían dejado el
cuerpo congelado a unos hombres vestidos de negro que respondían al
nombre de la agente. Scully estaba desesperada. Ya no sabía que hacer
para acabar con todo esto. Le contó todo a Mulder. Él se enfureció más
que ella. No paraba de maldecir al fumador y a todos esos hombres
maníacos.
Scully estaba tan desesperada que no se percató del hombre ojeroso que
la seguía. Era Harry Drews, que llevaba un aerosol en la mano. Y estaba
dispuesto a usarlo otra vez. Eso era lo que pensaba mientras tenía los
ojos fijos en Scully.
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5
-Rancho Candelaria-Chihuahua-México-A 70 km. de El Paso
-15/12/00-16:24 p.m.
Un grupo de hombres vestidos con trajes para epidemias llegaron en
camionetas a la pequeña población de Rancho Candelaria, en el desierto
mexicano. Uno de esos hombres era C.G.B. Spender, alias el fumador.
Venían a supervisar su último experimento. El paisaje en ese poblado era
desolador. Decenas de personas tiradas en las calles, reclamando por sus
vidas. Todas presentaban los mismos síntomas: erupciones rojas por todo
el cuerpo, heridas abiertas, la piel salida en algunas parte de su
cuerpo y, sobre todo, mucha fiebre. El poblado de Rancho Candelaria
había sido elegido por los conspiradores como sede de su experimento más
osado. Querían comprobar la velocidad de contagio del virus que habían
obtenido en campo abierto, fuera del laboratorio. Los resultados fueron
satisfactorios para ellos, pero devastadores para cualquier ser con
compasión.
Habían liberado una pequeña cantidad del virus mediante algunos animales
pequeños en el poblado hace tres días. Luego lo habían aislado del resto
del mundo, prohibiendo la salida de cualquier ser vivo de la zona. Nada
podía salir ni entrar en esa área. Igualmente ninguno de los pueblerinos
de Rancho Candelaria se dio cuenta de lo que estaba sucediendo. Sólo
prestaron atención cuando enfermaron las primeras personas. Luego todo
fue inevitable. Iban cayendo uno a uno. Primero empezó con la fiebre,
pero luego de un par de horas aparecieron las erupciones. Después lo
repugnante. Las heridas no coagulaban, la sangre salía a borbotones. La
piel que se caía no volvía a crecer. Todo era causado por el virus, que
disminuía la capacidad de reproducción de la mayoría de las células del
cuerpo. Nadie pudo evitar el contagio. Estos rancheros sin mucho
conocimiento médico eran incapaces de enfrentar la enfermedad.
Los hombres con los trajes para epidemias iban recolectando los cuerpos
y los colocaban en unos congeladores que bajaron de los camiones.
Algunos de los pueblerinos todavía reclamaban ayuda, pedían por sus
vidas. Los hombres no escuchaban ningún reclamo, debían abstenerse de
todo sentimiento. A eso se habían comprometido desde que formaban parte
del grupo.
El fumador también observaba a los infectados. Pobres víctimas
indefensas e ignorantes de qué los estaba matando. El fumador caminó
entre esa gente y se detuvo al ver a una mujer que lloraba reclamando
ayuda. Pero no pedía por ella, sino por el bebé que llevaba en brazos.
Spender lo vio. Una criatura aún más inocente que todos los infectados
que había visto hasta ahora. Un ser imposibilitado de expresar el dolor
que sentía. Un ingenuo bebé que llevaba en su sangre algo con un inmenso
poder. Algo fuera de este mundo. Algo extraterrestre.
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6
-Oficinas del FBI-Washington D.C.-Estados Unidos
-16/12/00-9:55 a.m.
-¿Mulder?- dijo la voz luego de que el agente atendiera su celular.
-Sí, ¿quién habla?.
-Usted no me conoce, pero yo se algo que podría interesarle.
-¿De qué se trata?- preguntó Mulder.
-Mi nombre es Harry Drews, trabajé con el doctor David Stontecker, ¿le
suena ese nombre?- dijo la voz del otro lado - Tengo información que
podría ayudarlo a sacar a la luz todo lo que usted sabe. Información
sobre los "Duendecitos Verdes"- siguió el hombre.
-¿Qué sabe de ellos?.
-Lo suficiente para evitarlos, para que usted detenga la masacre.
Necesito verlo esta noche, por favor encontrémonos en Devon Street 345,
en New York City.
-¿Cómo sé que no es un engaño, que me está llevando a una trampa?-
cuestionó Mulder.
-Yo estoy mucho más comprometido que usted en todo esto. Mi vida corre
peligro con sólo realizar este llamado- declaró Drews.
Mulder esperó hasta esa noche impaciente y dudoso. No le dijo nada a
Scully para no preocuparla. Caminó lentamente por las calles de New York
City, tenía miedo y valentía a la vez. Cuando llegó a la dirección dada,
la misma en la que estaba el almacén en dónde él y Scully habían
conseguido las primeras muestras del virus, se sorprendió. El lugar
estaba desierto, abandonado. Todas esa instalaciones ya no existían,
toda la evidencia había sido borrada. No quedaba nada, sólo en un enorme
galpón vacío.
Espero unos instantes y llegó un hombre cubierto con un sobretodo y
anteojos negros. Se suponía que era Harry Drews. Comenzó a hablarle a
Mulder de que tenía cerca toda la evidencia, todas las pruebas de que
era lo que querían hacer con el virus. Le pidió a Mulder que lo
acompañase, pero el se dio cuenta de qué hablaba. Harry Drews creía que
el almacén, el laboratorio que Mulder había visitado la otra vez,
todavía existía. Fue una total sorpresa. Caminaron algunas calles
juntos. Drews le contó algunas cosas de cómo había escuchado su nombre.
Mulder le confió sobre la última vez en aquel lugar. Llegaron a una
esquina y fueron interceptados por tres hombres de negro. Los agarraron
por los brazos y los introdujeron en un automóvil. No hablaban, sólo se
hacían señas entre ellos. Drews estaba muy asustado, pero Mulder sabía
bien de que se trataba. Los hombres de negro sólo soltaron una frase.
Una frase dirigida a Mulder y Drews:
-Empiecen a rezar.
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7
-Arlington-Virginia-Estados Unidos
-17/12/00-1:16 a.m.
Viajaron por un largo rato hasta que se detuvieron en un terreno baldío
de las afueras de Washington. Drews temblaba temerosamente, no dejaba de
sudar y rezar. Mulder, en cambio, permanecía inerte. No expresaba
emoción alguna, como si fuera una roca sólida.
Los tipos de negro dijeron algo en voz baja y abrieron las puertas.
Llevaron a Mulder y Drews al centro del baldío y los hicieron
arrodillarse en el suelo. Dos de los hombres mantenían sus pistolas
apuntándoles en la cabeza. Dudaron por unos minutos hasta que el tercer
hombre, que los miraba de frente, dijo algunas palabras. Los hombres de
negro le propinaron algunas patadas a Mulder. Luego le dijeron que no se
meta más, que olvide todo lo que vio hasta ahora y que se aleje. Lo
obligaron a irse y le prohibieron mirar atrás.
Mulder partió sólo en medio de la oscuridad nocturna, rodeado por una
bruma espectral. El agente temía por la vida de Harry Drews. No confiaba
en la posibilidad de que a él también lo estén asustando. Seguramente lo
que sucedía con Drews era más grave, tanto como para borrarlo, eliminar
la evidencia.
Cuando estaba a mas o menos cien metros del terreno baldío, escuchó un
disparo. Mulder no sabía que hacer, sí volver o hacer caso a los hombres
de negro. Hubo unos minutos de silencio y luego otros dos disparos.
Entonces pensó un poco y corrió volviendo al terreno. Los últimos
disparos no podían ser para asegurarse de que Drews muera, pasaba algo
más. Cuando llegó era todo una total confusión. Harry Drews huía
corriendo asustado por la calle. Su sombra alargada por las luces
nocturnas todavía no salía del baldío. Mulder se quedó observando a los
hombres de negro. Dos de ellos, uno de los cuáles era el que le apuntaba
a él hace sólo unos minutos, estaban muertos en el suelo con heridas de
bala. El tercero, el que le apuntaba a Drews, también estaba en el
suelo, pero temblando. Transpiraba por todos los poros y balbuceaba, no
podía expresar palabra alguna. Mulder se le quedó mirando por algunos
segundos. No sabía cómo reaccionar, sobre todo desde que al hombre le
empezaron a aparecer algunas erupciones rojas como de viruela en el
rostro.
********************
8
-Arlington-Virginia-Estados Unidos
-17/12/00-7:24 a.m.
Unas ambulancias se llevaban los dos cuerpos. El tercero, aún con vida
iba a ser trasladado a un hospital, pero Mulder exigió que sea congelado
y que evitaran cualquier contacto físico con él. Nadie quería hacerle
caso hasta que se oyó un disparo de repente y el cuerpo desapareció.
Aunque nadie entendía nada, Mulder sabía que sucedía. Eliminar la
evidencia. Ordenó que buscaran a Harry Drews, pero no pudo dar una
descripción veraz de él. No había visto su rostro al descubierto, por lo
que la búsqueda iba a ser demasiado difícil como para hacerla.
Mulder dejó todo en Arlington y fue a las oficinas del FBI para hablar
con Scully. Ella no tenía muchas novedades. Paula Meredith había muerto
a causa del congelamiento, pero en su organismo se hallaba el mismo
virus que ellos tenían, los "Duendecitos Verdes". Seguramente también
era lo mismo que estaba matando al hombre de negro que Mulder encontró
luego de que quisieran matar a Drews. Ese era el peligro. Drews poseía
el virus en su poder, y también una manera rápida de infectarlo. Lo que
todavía no sabían era cómo. Según lo investigado por Scully, el virus
podía sobrevivir en un medio acuoso, pero para atacar necesitaba entrar
en contacto con las células. O séa que podía ser ingerido o derramado
sobre la piel. Un testigo del la muerte de Paula Meredith, el último que
la vio con vida, un taxista, afirma que ella fue atacada por un hombre
horas antes de su muerte. El taxista dice que ese hombre portaba un arma
que a él le pareció que era un aerosol. Esa era un forma inteligente de
transportar el virus. Si eso era así, Drews era un hombre muy peligroso.
Scully tenía otra noticia. Esta mañana, Skinner había encontrado algo
extraño en su escritorio. Un informe, unos papeles sobre un proyecto
llamado "Cápsula Candelaria". El informe relataba una serie de
operaciones realizadas en los últimos días en un pequeño poblado del
desierto mexicano que había sido aislado totalmente del mundo. En él se
había introducido un virus para probar su poder de contagio. En sólo
tres días todos los seres vivos del lugar estaban infectados. Skinner se
asustó mientras leía todo, hasta que leyó unas palabras que le hicieron
pensar en Mulder. Unas palabras que él había mencionado a Scully en el
hospital luego de recibir el disparo de Krycek. "Duendecitos Verdes".
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9
-Hospital Memorial de Georgetown-Washington DC-Estados Unidos
-17/12/00-19:57 p.m.
Los pasillos del hospital estaban repletos de gente. Eso no era raro en
el hospital más concurrido de Washington. Toda era gente preocupada por
su salud, o por la salud de un familiar, un amigo, o un paciente, menos
uno. Uno que caminaba impune por esos pasillos, sin que nadie lo
detuviera, sin que nadie impidiera su horrible misión.
Se detuvo en una habitación del hospital. Una habitación olvidada en
donde yacía un hombre indefenso por el estado en que se encontraba.
Hacía casi diez días había recibido un disparo y la bala le había
perforado un pulmón. Permanecía solitario, inamovible. No tenía
familiares ni amigos que lo hayan ido a visitar. Sólo una persona lo
había venido a ver en estos últimos días. Un agente del FBI llamado Fox
Mulder. El supuesto nombre del hombre agonizante era George Spender.
El otro hombre entró en la habitación, dejando caer un poco de ceniza de
su cigarrillo en el suelo. Observó por unos minutos, tal vez con algo de
compasión, a George Spender. Dirigió la mirada hasta los múltiples tubos
y aparatos que lo rodeaban. Con sólo eliminar uno era suficiente por
acabar con los esfuerzos de ese hombre por vivir.
Se disponía a hacerlo cuando George Spender reaccionó. Primero balbuceó
pero luego las palabras salieron de su boca tan claras como el agua.
Pero ya era tarde. El hombre le había quitado sus últimas posibilidades
de sobrevivir. La última palabra de George Spender resonaba como un eco
macabro en la habitación oscura:
-Hermano.
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10
-Hospital Memorial de Georgetown-Washington DC-Estados Unidos
-17/12/00-23:20 p.m.
Scully esperaba a Mulder con Skinner en uno de los pasillos del
hospital, mientras se llevaban el cuerpo sin vida de George Spender.
Todo había sido muy confuso. Las autoridades del hospital declaraban que
la vigilancia era permanente y eficaz, nadie podía haberse introducido
en la habitación de Spender sin que se dieran cuenta.
Mulder llegó enfurecido. En verdad estimaba a George Spender, sobre todo
desde que le dijo que había sido amigo de su padre. Scully estaba
impaciente. En la cama de George Spender habían encontrado un sobre
dirigido a Mulder. Ella ordenó que se lo entregaran para dárselo al
agente. Skinner, que aún estaba algo desconcertado, inquirió a los
agentes sobre si el informe de la "Cápsula Candelaria" que había
encontrado en su escritorio tenía que ver con todo esto. Scully intentó
explicarle todo mientras Mulder se detuvo a leer el sobre de George
Spender:
"Si usted, Sr. Mulder, está leyendo esto, es que a mí me ocurrió
algo, quizás esté muerto. Como ya le dije, yo soy hermano de quién llama
"el hombre cáncer". También fui parte del mismo grupo conspirativo que
él y su padre, pero me alejé de todo eso hace ya varios años. Supe que
obligaron a su padre a entregar a un hijo y que se llevaron a su hermana
Samantha. Eso me enfureció más todavía. Yo ya no integraba aquel grupo
en ese tiempo. Su último proyecto fue lo que hizo interesarme en el
grupo.
A principios del año 2000 estaba previsto enviar a Marte a la misión
Mars Polar Lander. Se dijo que no había llegado, que había dejado de
transmitir antes de posarse en la superficie marciana. Todo eso fue
mentira, la misión había sido realizada hacía casi una año, pero algo
que descubrieron allá llevó a encubrirla. La sonda había recogido
algunas rocas y polvo extraterrestre.
En junio de 1999, dos científicos de la Nasa, Bernard Twinsson y
Lawrence Vechels, descubrieron la primera forma de vida extraterrestre.
En las rocas subsistían unas pocas bacterias encerradas en esporas desde
hacía millones de años. No estaban muertas ni vivas, se encontraban en
un estado latente. Sólo hacía falta un estímulo externo para que
volvieran a la vida como si nada. Era un descubrimiento increíble para
toda la humanidad, toda la historia se rendía ante esto. Pero esas
pequeñas bacterias guardaban algo más, algo muy peligroso. La causa por
la que permanecían atenuadas, esperando. En su interior contenían un
virus. Un virus con un poder de contagio inimaginable y la capacidad de
acabar con cualquier organismo vivo que existiera. Al reanimar estas
bacterias, también se reactivaron los virus. En muy poco tiempo se
multiplicaron y eliminaron a las bacterias y contagiaron a los
científicos. Rápidamente pudo evitarse una epidemia, gracias a unos
hombres de mucho poder que ayudaron. Ellos, a cambio, exigieron toda la
responsabilidad sobre el virus, encargarse de todas las investigaciones,
explorarlo y, sobre todo, poseerlo. Estos hombres son los mismos que
viene enfrentando desde hace mucho tiempo, uno de los cuales es mi
hermano.
Probaron el virus de todas las formas posibles, lo inocularon en muchas
formas de vida y el resultado era siempre el mismo. Las células reducían
su capacidad de reproducción, y terminaban acabadas en un lapso de
tiempo indeterminado según la complejidad del organismo. Una rata
tardaba aproximadamente un día, mientras que un ser humano lo hacía
entre tres y diez días. Experimentaron con todo e intentaron buscar una
forma de matar al virus si todo se les iba de las manos, intentaron
buscar una vacuna, pero fue imposible. Sólo el frío extremo, el
congelamiento, evitaban el contagio.
Tenían a varios de los científicos más importantes de Norteamérica y el
mundo trabajando en esto. Algunos de gran renombre, como David
Stontecker, Herbert McDouglas, Gerald Powell y Harry Drews. Todos
metidos en un secreto interplanetario con el poder suficiente para
despoblar la Tierra. Viejas leyendas indígenas de todo el mundo
relataban historias parecidas en las que había un hombre capaz de salvar
a la Tierra de la hecatombe. Usted Sr. Mulder puede ser ese hombre.
Este grupo está llevando a cabo varios experimentos en villas pobres de
algunos países subdesarrollados. Algunas de ellas en villas de Brasil y
México.
No se para qué quieren el virus, pero puedo asegurar que con sólo
poseerlo se convierten en las personas con más poder sobre la Tierra,
con la capacidad de decidir que vive y que no en sus manos.
Espero que usted sea capaz de detenerlos, algo que yo no pude lograr."
George Spender
Al terminar de leer esa carta, el agente se dio cuenta de cuál era su
misión en este caso, su misión en el mundo. Scully lo miraba desde la
entrada de la habitación. Mulder se quedó pensando en George Spender. A
pesar del hermano que tenía, él fue un gran hombre, un hombre que luchó
contra lo que pensaba que estaba mal, un hombre que arriesgó su vida por
salvar la de mucha gente.
En el pasillo del hospital había otra persona que conocía la verdad
sobre ese virus. Un científico lleno de sed de venganza. Harry Drews
observaba a Scully desde una distancia razonable, ocultando algo
peligroso. En su mano portaba el aerosol que había usado para inyectar
el virus en Paula Meredith y en aquel hombre de negro que lo amenazaba.
La idea de que sus acciones estaban incomodando a los hombres que habían
asesinado a su antiguo amigo, David Stontecker, lo estaba llevando por
un mal sendero. La locura lo invadía, le llenaba la mente de ideas sin
sentido y desalmadas.
Scully salía del hospital mientras que Mulder la seguía desde lejos.
Skinner también estaba con ellos e interceptó a Mulder para hablarle de
algo. Scully no se dio cuenta y siguió de largo, dejando atrás a su
compañero. De un rincón salió Harry Drews, que la seguía. El maníaco no
podía dejar de pensar en ella desde que la había visto por primera vez
en Arlington. Su rostro no lo dejaba descansar, lo mantenía despierto
día y noche pensando, teniendo ideas. Y una sola de ellas era la que
gobernaba su cerebro en este momento. Una idea macabra. La siguió
algunos metros hasta que ella se dio vuelta, como presintiendo algo.
Estuvo cerca, Drews tuvo tiempo para esconderse.
Mulder alzó la vista casi por casualidad y se quedó atónito. Lo vio. Era
Harry Drews en el pasillo. Quiso gritarle algo, pero las palabras se
quedaron en su garganta. Entonces corrió hacia él. La agente Scully
estaba saliendo del hospital, seguida, ahora de cerca, por Harry Drews.
Cuando se alejó algunos metros, Mulder logró darse cuenta de lo que
Drews intentaba hacer. Su mano. En ella llevaba el aerosol con el que
había infectado a Paula Meredith. Y miraba fijamente a Scully. Mulder
lanzó un alarido de advertencia. Scully se dio vuelta, pero ya era
demasiado tarde. Harry Drews se abalanzó sobre ella, cegado de ira.
Estuvieron forcejeando unos segundos, pero para Mulder parecieron años.
Intentaba correr para salvar a Scully, pero la distancia se alargaba a
cada paso, creía que nunca lo iba a lograr.
A pesar de todo, Drews no lograba esparcir el aerosol en Scully. Ella lo
sostenía con firmeza de ese brazo, ya se había dado cuenta de todo.
Mulder llegó y se tiró encima de Drews, mientras lo golpeaba. Scully
logró escapar, pero los que ahora forcejeaban eran Mulder y Drews.
Dieron vueltas en el pavimento hasta que llegó la policía y los separó.
Drews estaba más que loco. Deliraba y gritaba en todas las direcciones
que íbamos a ser exterminados por extraterrestres de Marte. La policía
se lo llevó.
Scully fue a socorrer a Mulder, pero él le advirtió que se alejara. Le
dijo que mantuviera a todo el mundo lejos de él. Se palpaba el rostro
pero no quería mostrarlo. Algo estaba sucediendo. Scully divisó el
aerosol de Drews tirado a unos metros de distancia. Lo levantó, y lo
sintió vacío.
Mulder levantó el rostro y mostró la horripilante realidad. Scully no
pudo expresar palabra alguna. La cara de Mulder estaba cubierta de
erupciones rojas como de viruela.
Continuará...
Próximamente:
¿Qué pasará con Mulder ahora?
¿Podrá ser salvado?
¿Existirá una cura capaz de combatir aquel virus extraterrestre?
¿Para qué quieren usar el virus?
¿Qué oscuro propósito guardan?
¿Quién podrá evitarlo?
¿Quién detendrá la INVASIÓN?
¿Quién será capaz de combatir la mayor amenaza a la que se haya
enfrentado el género humano?
No se pierda la próxima historia, cuando se llegue a la conclusión de
todo esto, cuando descubran el destino de Mulder, el destino de toda la
Tierra. No se quede sin llegar al final de todo, a lo que los humanos
llaman: "APOCALIPSIS" HOBGOBLINS (3ºparte)
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