Hobglobins: Apocalipsis
(Partes 1 - 2 - 3)
de Damián

 

Código Personal: Dx09, Junio, 2000
Tipo: x-file, WIP
Rating: PG
Spoilers: La historia está ubicada temporalmente durante la séptima temporada, como se suele decir "Requiem (7x21) nunca ocurrió". En cuanto a Spoilers, hay referencias a The Erlenmeeyr Flask (1x23); Two fathers (6x11) y One son (6x12).
Es la continuación de HOBGOBLINS 1 (Duendecitos Verdes)
Resumen: Comienza el principio del fin de la vida en la Tierra; y parece ser que todo ya estuvo planeado desde un principio.
Disclaimer: Con este relato no pretendo ningún compensación económico, o sea, no tengo ningún fin lucrativo con esto, lo único que trato es contar historias usando los personajes creados por la 1013, Chris Carter y la Fox.


"Apocalipsis"



1



“Marte siempre ha sido un planeta árido, sin vida, desierto. O por lo menos ha sido así desde que la humanidad lo investiga. ¿Quién sabe qué había sido antes, cómo era Marte antes?. Algunos científicos confían en la posibilidad de que haya tenido vida alguna vez, en un pasado muy lejano. El planeta no posee una atmósfera capaz de albergar vida, pero podría haberla tenido alguna vez. También se encuentra a la distancia justa del Sol, la suficiente para que el agua pueda existir en estado líquido. Todavía no se ha encontrado agua en Marte pero existen grandes posibilidades de hallarla en estado sólido cerca de los polos o bajo la superficie. Quizás Marte alguna vez haya sido como la Tierra.
¿Qué pudo haber sucedido para que Marte se transforme en la esfera desierta e inerte que rota alrededor del Sol ahora?. Quizás exista una respuesta. O tal vez no. Quizás pueda ser revelada por las primeras formas de vida encontradas en aquel planeta misterioso. Las bacterias encerradas en esporas, latentes, esperando por mejores condiciones que nunca llegarán. Pero, ¿por qué las bacterias estaban en ese estado? ¿qué las había llevado a detener sus vidas y esperar? ¿qué estaba sucediendo a su alrededor, o, más sencillo, dentro suyo?. Sí, las bacterias guardaban en su interior un virus, capaz de impedirles reproducirse y matarlas. ¿Qué habría pasado si ese virus se disemina de forma indiscriminada por todo el planeta, impidiendo la reproducción de todos los seres vivos?, ¿cuánto tardarían en despoblar el planeta?. Esos virus, que los científicos de la Nasa han bautizado “Duendecitos Verdes”, ahora se encuentran en la Tierra. Por el momento están siendo controlados, pero ¿qué pasaría si son liberados, si comienzan a multiplicarse de forma arrasadora?.
La Tierra podría terminar cómo Marte, hecha un desierto infértil y árido. Los virus se transmitirían con sólo un mínimo contacto físico, de hombre a hombre, de hombre a animal, de animal a vegetal, de vegetal a hombre. En poco tiempo, quizás menos de un año, la raza humana desaparecería, dejaría despoblada la faz de la Tierra. Las plantas, los hongos, todos los animales, dejarían la Tierra vacía e inerte. Poco a poco todos los procesos biológicos que conocemos se acabarían. No habría plantas, las primeras en desaparecer, que produzcan oxígeno, por lo que se terminaría por extinguir en la atmósfera. El dióxido de carbono lo llenaría todo y no quedaría animal que pueda sobrevivir. La enfermedad que causan estos virus, parecidos a la viruela, sería terrible en las personas. Lo primero sería la fiebre, de 40º o más. Luego las erupciones rojas, que estallaban expulsando sangre. Las células de todo el cuerpo se verían dificultosas a la hora de reproducirse, los tejidos dañados no serían reparados, las heridas quedarían abiertas y expuestas. Sería totalmente asqueroso y repugnante para cualquiera. Nadie podría sobrevivir a esta hecatombe, a este armagedón. “Porque ha llegado el gran día de su ira, y ¿quién podrá resistir?” (Apocalipsis 6, 17).
La Tierra se vería destinada a ser otro Marte en el futuro, otra roca sólida y estéril flotando en la inmensidad del espacio, sin brillo ni exclusividad, sólo otro cuerpo celeste entre muchos. No quedará nadie en el universo que pueda recordar lo que alguna vez fue la Tierra, el planeta singular y único, capaz de albergar a trillones de vidas diferentes, irreproducible en cualquier otro lugar, exclusivo.
Pero sin embargo, conscientes de este increíble peligro, los dueños del virus, los hombres que tienen todo ese poder en sus manos, no piensan en la vida y juegan con la muerte. Negocian con ella, la experimentan, la controlan. Son capaces de acabar con quién quieran pero por ahora sólo están experimentando, descubriendo los verdaderos alcances del poder que tienen. Infectaron a centenares de personas, sólo para saber lo que ocurría. Sus mentes desalmadas y sin escrúpulos trabajaban en contra de la vida.
Lo que todavía no han descubierto es una forma de combatir el virus. Hasta ahora lo único que lo detiene, lo mantiene inactivo, es el frío extremo. No existe vacuna capaz de evitar sus consecuencias. Entonces, ¿qué sucedería si queda libre?, ¿cómo podría ser enfrentado?. Un antigua leyenda de los indios anazasi del sur de Estados Unidos, relata algo referido a esto. Estos indios, que desaparecieron sin explicación hace más de 600 años decían en sus profecías que la Tierra sería arrasada y llegaría el fin de los tiempos irremediablemente. Sólo habrá una persona capaz de detener el final, el “Salvador” de la humanidad, con el poder de acabar con todo.
Algunos estudiosos intentan asegurar, por lo que dicen sus leyendas, que los anazasi establecían comunicaciones con viajeros interestelares, astronautas cósmicos que los prevenían de lo que se avecinaba, de cuando nuestro planeta se encuentre en el lugar de omega. ¿Fueron estos visitantes del espacio seres que observaron lo que sucedió en Marte y estaban avisando a los terrícolas de su futuro?. Pero los anazasi no son los únicos que hablan de esto. Casi todas las culturas y pueblos del mundo cuentan historias, leyendas, profecías o augurios sobre la conclusión de la vida. Y en muchas de ellas se hablan de que ésta provendrá de allá afuera, más arriba del cielo, del espacio. “(...)un astro enorme que ardía como una antorcha cayó del cielo(...)” (Apocalipsis 8, 10), “(...)se precipitó sobre el mar una masa incandescente, grande como una montaña: la tercera parte del mar se convirtió en sangre(...)” (Apocalipsis 8, 8).
Pero en el caso de que todo esto fuera verdad, la pregunta es ¿quién es el Salvador que profetizan los anazasi?. ¿Quién es el hombre con el poder capaz de impedir que la Tierra cumpla su destino?, ¿dónde está este hombre, con el don de detenerlo todo, impedir que el tiempo y el espacio sigan su curso, cambiar el futuro de la humanidad y salvarla?.
Ese hombre, indispensable para la vida de todos, irrepetible, está cerca, muy cerca de toda esta movilización virósica interplanetaria. Sin embargo hay un obstáculo. Este hombre, el Salvador de los anazasi, está padeciendo lo que acabará con la humanidad. Está siendo víctima de lo que debe impedir.
Entonces, ¿cuál es el destino de la Tierra ahora que su Salvador está impedido?, ¿qué será de todos los hombres de la Tierra sin la intervención del hombre con el poder?. Nadie puede predecir cómo terminará todo ahora, qué deberán hacer los seres humanos para salvar su existencia. ¿La Tierra se transformará en Marte?, ¿la raza humana terminará por desaparecer?.
Mientras el Salvador siga en el estado en que se encuentra, todo quedará inconcluso, y los seres humanos deberán rendirse. Sin la intervención del Salvador, la Tierra estará enfrentando el APOCALIPSIS.



-Gallup-Nuevo México-Estados Unidos
-19/12/00-23:27 p.m.


Una grupo de indios navajos se reunía alrededor de la fogata, en medio del desierto de Nuevo México, cerca del pueblo de Gallup. Eran por lo menos cincuenta hombres, mujeres y niños, todos descendientes de los aborígenes de la zona, los navajos. Tenían algo muy importante que comunicarse.
Todos se sentaron formando un círculo, mientras que el más anciano de ellos se paró y tomó la palabra:
-El día en que se cumplan las leyendas está por llegar. Nuestro antepasados fueron advertidos de los próximos sucesos, nuestro pueblo fue elegido para comunicar la predicción, la revelación, el apocalipsis. Ya han pasado más de seiscientos años desde que fuimos anunciados y asegurados de nuestra salvación. Lamentablemente nuestra tierra no tendrá el mismo destino que nosotros.
Nosotros, como anazasis, somos los encargados de pregonar el futuro. También conocíamos lo que podría suceder si el Salvador estuviera entre nosotros, si fuera capaz de detener todo esto. Pero no podemos esperarlo más. Su vida ahora está en manos del fin, nosotros ya no tenemos nada que hacer en esta tierra. Ahora el destino queda en manos del futuro del Salvador.
Todos se pararon y dedicaron cantos a las estrellas, alabando a los seres que les advirtieron de todo. Decenas de luces giraban en el cielo sobre sus cabezas, y ellos hablaban de que llegó la hora. Se detuvieron hacia la medianoche y esperaron mirando el firmamento fijamente. Una inmensa luz se encendió y, tras ella, apareció una gigantesca nave metálica, de forma circular. Tenía centenares de luces azules, verdes, rojas y amarillas que parpadeaban por toda su superficie. Giraba lentamente, pero paró cuando otra luz blanca brilló en el centro de la nave. Un haz de luz azul se proyectó sobre todos los indios y los iluminó. Sus cuerpos flotaron en el aire, ascendiendo, volando hacia lo que sería su futuro. Ninguno expresaba nada, como si supieran perfectamente lo que estaba pasando. Cuando llegaron a la nave, las luces se apagaron y, con una velocidad asombrosa, el artefacto se perdió en la inmensidad del espacio.


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2



-Pittsburgh-Pennsylvania-Estados Unidos
-20/12/00-11:15 a.m.


La agente Scully caminaba por los pasillos de una instalación en Pittsburgh. Apenas Mulder cayó preso del virus marciano, unos hombres de negro se presentaron en el hospital Memorial de Georgetown y se llevaron a Mulder antes de que pudiera comenzar una epidemia. Se ofrecieron para llevarlo a unas instalaciones en Pittsburgh, Pennsylvania, donde podrá permanecer en estado criogénico hasta que se encuentre la cura a esta terrible enfermedad. No morirá, el virus no avanzará en su organismo, pero deberá permanecer en estado latente, en espera constante.
Scully lo observaba desde un vidrio, mientras las lágrimas se escurrían por sus ojos. El hombre estaba encerrado en una especie de cápsula, un ataúd de metal que lo mantenía a una temperatura constante. Una temperatura extrema. Sus ojos estaban cerrados y su cuerpo desnudo cubierto de escarcha. Un líquido verdoso lo rodeaba dentro de ese extraño aparato con forma de ataúd que, sin embargo, preservaba su vida.
El subdirector Skinner estaba con la agente, tratando de consolarla. Ella también imaginaba que los mismos hombres que estaban cuidando a Mulder, eran los que lo habían expuesto a todo esto.
Salió de allí y volvió a su casa, muy preocupada. Cuando llegó encontró allí a la persona que menos esperaba. El hombre que fuma estaba sentado en su escritorio, con el cigarrillo en la mano y unos papeles en la otra. El dijo:
-Mulder ahora está en nuestras manos.
-¿De qué rayos habla?- respondió Scully casi gritando.
-La vida de Mulder corre un peligro inminente, del que ni yo ni usted podemos salvarlo.
-¿Por qué querría salvarlo usted?, siempre entorpeció su misión- le dijo Scully.
-Por que todavía no conocía su verdadera misión. Ahora siento que es mi deber ayudarlo, pero mis hombres no han encontrado la cura al mal que sufre- declaró Spender.
-Ustedes fueron los que lo enfermaron, lo acercaron a este caso y lo están matando.
-No puede decir que lo estamos matando. Usted sabe dónde está, mis hombres están haciendo todo lo posible por preservar su vida, a pesar de todo lo que el ha luchado en contra de nuestra causa.
-¿Para qué querían ese virus inmundo?- preguntó Scully.
-Algunas cosas todavía no deben ser develadas. Pero era inevitable, el virus podría ser una salvación para el futuro. Intentamos por todos los medios que su verdadero propósito no sea revelado, pero algunas cosas se nos fueron de las manos. Stontecker nos amenazó con sacar a la luz el proyecto, por eso tuvimos que “eliminar la evidencia”. Lo mismo pasó con Harry Drews, también debíamos “eliminar la evidencia”.
-¿Por eso desapareció el cuerpo de Paula Meredith y el del hombre que quiso matar a Drews en New York City?.
-Sí, se trata de “eliminar la evidencia”, simplemente de eso. Nada vive si nadie lo recuerda. Los antiguos indios norteamericanos decían que una leyenda vive tanto tiempo como la última persona que la recuerda. Entonces la forma de borrar la historia es tachando a los que la saben.
-Son detestables- dijo Scully con un profundo odio.
-Gracias por su opinión. Aunque no lo crea lo hacemos por usted, por sus hijos, por sus nietos. Todo para que ellos puedan ver la luz del día en este hermoso planeta que tenemos.
-Si esparcen ese virus no habrá ni hijos ni nietos de nadie. Y el primero al que ahorcaré con mis propias manos llenas de venganza cuando eso pase será usted.
-Y yo estaré sentado esperándola agente Scully. Ya debe de conocer la importancia que tiene Mulder en todo esto. Por eso quiero que haga algo por él.
-¿Por qué no eliminaron a Mulder todavía, por qué no me mataron a mí?. Creo que sabemos demasiado y el tema de moda es “eliminar la evidencia”.
-Porque Mulder es la última pieza de todo el rompecabezas. El es el hombre con el poder. El es el ser capaz de impedir la masacre. Pero también la necesitamos a usted para salvar a este hombre- dijo el hombre cáncer.
-¿Qué está tratando de decirme?- inquirió Scully acercándose más al fumador.
- Necesito su ayuda.


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3



-Houston-Texas-Estados Unidos
-20/12/00-22:11 p.m.


-¡Ya es hora de irnos Andrew!.
-Ya voy, espera un minuto más, lo estoy logrando- decía el hombre mientras jugaba en la computadora al Galaxian. Festejaba por pasar al nivel 25. Eran dos microbiólogos de la Nasa, pero Andrew Carpenter parecía un niño de ocho años con ese juego. Si su supervisor lo viera estaría despedido de inmediato. Por eso Joss Wersend lo apuraba. Les pagaban bastante bien por estudiar bacterias y no valía la pena que perdieran el empleo.
Después de convencer a Andrew, ambos se cambiaron y salieron de los laboratorios. Ya no había casi nadie, podrían pensar que estaban solos allí. Caminaron por un pasillo para llegar hasta la salida, pero se detuvieron a observar una luz. Salía de por detrás de una puerta de la que jamás se habían percatado. No sabían que alguien pudiera trabajar a esas horas. La abrieron lentamente, llenos de curiosidad. Se levantaba otro pasillo y terminaba en una sala gigante, llena de aparatos de los más extraños, algunos que ni ellos, científicos, reconocían.
En unos contenedores encontraron docenas de pequeños refrigeradores etiquetados con la frase “Duendecitos Verdes”. No les prestaron atención. Luego vieron que se acercaban a una sala de operaciones. Por lo menos eso parecía en los monitores que el guardia tenía en la entrada. Como de costumbre, el guardia estaba profundamente dormido. Y roncando. Vieron todo lo que sucedía por esos monitores. Varios médicos rodeaban una especie de ataúd metálico. Tenía un gran vidrio para ver en el interior, pero estaba totalmente empañado. Unos cables entraban y salían del ataúd, al igual que por lo menos diez tubos. Una enfermera trajo los utensilios para operar, pero lo extraño fue que el médico no agarró ninguno, sino que eligió un frasco pequeño y una jeringa. Llenó la jeringa con el contenido del frasco y lo inyectó en uno de los tubos. Esperaron un pequeño lapso de tiempo y el resto de los médicos se puso a trabajar en el ataúd metálico.
Carpenter y Wersend se quedaron interesados en todo esto, por lo que no se movieron para nada hasta que la operación acabó. Cuando los médicos terminaron, abrieron el ataúd y un hombre salió de adentro. Su cuerpo estaba cubierto de erupciones rojas pero se desvanecieron poco a poco a medida que pasaba el tiempo.



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4



-Houston-Texas-Estados Unidos
-21/12/00-10:23 a.m.


La policía tomaba fotos del laboratorio donde trabajaban Andrew Carpenter y Joss Wersend. La agente Scully, del FBI, llegó al lugar. Iba acompañada por un hombre que fumaba. Éste se quedó en la puerta esperando y mirando en todas direcciones.
Scully habló con el jefe de la policía para informarle de su ayuda en este caso. Un científico de la Nasa había sido asesinado esta madrugada en su propio laboratorio. Había un solo testigo, su compañero. Pero su testimonio no era muy veraz, se había escondido en un armario antes de que le dispararan a Joss Wersend, el científico en cuestión. No habían dejado ningún rastro. El único que había visto al asesino era Andrew Carpenter y estaba muy convulsionado.
Scully se acercó a Spender (el fumador), para comentarle lo que sabía:
-Vamos a llevarnos al testigo- le respondió el fumador.
-Le voy a avisar a la policía que lo vamos a interrogar.
-Pero no les digas más que eso- contestó Spender.
Andrew Carpenter estaba desesperado, casi llorando de miedo. Scully no sabía como hablarle, aunque Spender se encargó de todo. Lo llevaron en su auto a una casa abandonada donde lo interrogaron. A pesar de la disidencia de Scully, Alex Krycek los acompañaba.
-¿Qué pasó en la noche de ayer Sr. Carpenter?- preguntó Scully.
-Joss y yo salíamos del laboratorio y vimos algo en una sala de operaciones, cuando nos íbamos, un hombre vestido totalmente de negro nos persiguió hasta el laboratorio. Yo me escondí en un armario y escuché el disparo. Cuando llegó la policía Joss estaba muerto.
-¿Qué vieron en esa sala de operaciones?- dijo Spender.
-Estaban operando a un hombre dentro de un ataúd de metal- respondió Andrew.
-Esos idiotas nos engañaron, se quedaron con algo. ¿Y qué le hacían al hombre?- siguió Spender.
-Le introdujeron en un tubo un líquido y luego se levantó. Tenía el cuerpo lleno de erupciones rojas pero de pronto desaparecieron.
-Los imbéciles tienen la cura y nos la están ocultando. Vámonos ya agente Scully.
Salieron de la casa abandonada. Scully y Spender iban adelante, seguidos por Krycek y Andrew. De repente se escuchó un disparo. Scully se dio vuelta y vio a Andrew muerto en el piso y a Krycek con su arma en la mano. Lo miró al rostro sorprendida:
-“Eliminar la evidencia”- dijo él.


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5



-Pittsburgh-Pennsylvania-Estados Unidos
-21/12/00-13:09 p.m.


El anciano se introdujo en las instalaciones de Pittsburgh con mucha dificultad. Su aspecto de indio navajo era difícil de ocultar. Preguntaba por el Salvador, pero lo trataban de loco. En un pasillo se cruzó con Walter Skinner, que venía de ver a Mulder. El anciano lo detuvo y le dijo que sabía donde estaba el Salvador. Skinner no lo comprendía pero él siguió:
-El Salvador, usted lo conoce. El Zorro Tenebroso. Sabe dónde está, pero no sabe qué significa.
El subdirector del FBI llevó al anciano a un lugar donde pudiera sentarse y le dio algo de beber. El navajo temblaba, tenía miedo de algo, pero igual hablaba:
-El Salvador está en peligro y necesito que me lleve a él. Usted lo conoce, lo puedo ver en sus ojos.
-¿De quién está hablando señor?, ¿quién es usted?- preguntó Skinner.
-Soy el chamán de una tribu desaparecida de navajos. Nos llaman los “anazasi”. Mi pueblo fue elegido para transmitir un mensaje, un mensaje de lo que sucederá. Es muy importante que vea al Salvador, quizás pueda ayudarlo y cumpla su misión.
-¡Quién es usted!, ¡quién es ese Salvador del que habla!- continuó Skinner.
-Perdone, a mí me llaman Lobo de Río. Usted conoce al Salvador y sabe el peligro que corre, pero no entiende su misión. El está aquí, en este edificio, encerrado, en peligro. Por ahora sigue vivo, pero agoniza, y el menor descuido podría causarle la muerte.
-¿Cómo fue que lo llamó?.
-Zorro Tenebroso, eso era lo que decían las leyendas.
-¡Fox Mulder!.
Skinner llevó a Lobo de Río corriendo hasta el cuarto donde se encontraba Mulder. Se quedaron observándolo desde el vidrio y él dijo que era el Salvador. Pidió de entrar.
Esperaron un poco y Skinner lo hizo pasar dentro del cuarto. Mulder se encontraba en estado de criogenia, dentro de una especie de ataúd de metal. Lobo de Río dijo:
-Es él, es el Salvador. Estoy sintiendo su poder. Pero está muy mal. El hombre al que llama Fox Mulder es el Salvador.
Al decir esto, un grupo de hombres entró en el cuarto y se llevaron por la fuerza a Skinner y a Lobo de Río.


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6



-Refugio de Los Pistoleros Solitarios-Estados Unidos
-21/12/00-19:51 p.m.


Alguien tocaba a la puerta. Frohike fue a abrirle. Tardó una eternidad en abrir cada uno de los cerrojos. Era el subdirector Walter Skinner.
-¿Qué quiere usted?, ¿por qué viene sólo?- preguntó Langly.
-Mulder está enfermo a causa de un virus extraterrestre.
-¿Qué?- dijo Byers.
Skinner les comentó todo lo que le sucedió a Mulder, pero sin muchos detalles, tal como lo sabe él.
-Necesito información sobre los anazasi, especialmente sobre sus leyendas. Busquen algo sobre “el Salvador”- les dijo Skinner.

Mientras tanto Scully y Krycek viajaban en auto de vuelta a la instalación de la Nasa en Houston. Era casi medianoche y ellos se guiaban por las órdenes de Spender. Buscar el líquido que mencionó Andrew. Buscar la cura. Pero Krycek guardaba otra misión en secreto. Algo ya conocido: “eliminar la evidencia”. El fumador los dejó y partió, diciéndoles que los esperaría en este mismo lugar dentro de una hora.
Ambos entraron con credenciales falsas. Por ahora no había ningún problema, hasta que alguien pareció reconocerlos. Falsa alarma. Siguieron caminando, tratando de aparentar que eran dos trabajadores del lugar más. Parecía no ser difícil. Entraron en una oficina y Scully encendió la computadora que había allí. Krycek esperaba con su arma en la puerta. Scully introdujo un disquete y copió todos los datos que pudo. Había algunos archivos que no pudo abrir debido a contraseñas pero otros fueron sencillos. La contraseña de la mayoría era “ábrete sésamo”. Luego los dos salieron y siguieron hasta el lugar que describía Andrew, donde había sucedido la operación. Caminaron por el pasillo hasta la sala llena de aparatos y herramientas. Encontraron las cajas etiquetadas “Duendecitos Verdes”. Krycek usó su celular para llamar a Spender que estaba afuera y confirmarle lo que creían. Le dijo que tenía razón. Los de la Nasa se habían quedado con algo del virus y habían estado experimentando con él. El gobierno, o alguien más, no les había dado todo el virus como habían dicho.


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7



-Oficinas del FBI-Washington D.C.-Estados Unidos
-22/12/00-9:22 a.m.


Los Pistoleros Solitarios pidieron a la secretaria de Skinner pasar. El salió y los llevó al estacionamiento. No quería que nadie los escuchara. Luego entraron a su automóvil y fueron al refugio de Los Pistoleros Solitarios. Al llegar allí, Byers le contó lo que habían encontrado:
-Los indios anazasi eran una tribu de navajos de Nuevo México. Desaparecieron sin dejar rastro hace más de seiscientos años. Sus leyendas hablan de visitantes del espacio que les relataban lo que sucedería en el futuro. Casi todas nombraban un gran mal que vendrá de más allá del cielo, algo que producirá la hecatombe. La Tierra estará afrontando el apocalipsis. Solo habrá un hombre con el poder de detenerlo todo. Lo llamaron el “Salvador”, que nacerá bajo el nombre de “Zorro Tenebroso” y estará predestinado a descubrir la verdad antes de detenerla.
-¿Mulder podría ser ese Salvador?- dijo Skinner.
-Las leyendas dicen que el Salvador salvará la Tierra cuando pase las cuatro décadas en el mundo y obtenga la madurez suficiente para reconocer lo que enfrenta. Mulder encajaría en esa descripción como otros millones de hombres, pero todo es sólo una leyenda, un historia poco fundamentada de unos aborígenes americanos sin en el conocimiento actual, incluso menor que el que tenían mayas o aztecas en la misma época que ellos habitaban el continente.
-Hay algo que no les dije. Vine aquí porque un anciano navajo me fue a buscar a Pittsburgh y para que lo llevara con “el Salvador”. El lo llamaba Zorro Tenebroso. Lo llevé junto a Mulder y lo reconoció como el Salvador. Cuando estuvieron juntos sentí algo poderoso, una energía que emanaba de Mulder, no puedo explicar lo que era exactamente.

Scully y Krycek se encontraban con el fumador que venía de revisar los datos que copiaron en el disquete. Los hombres de la Nasa se habían dado cuenta desde un principio lo que tenían en las manos y se guardaron algo antes de entregarlo al grupo del sindicato. Habían encontrado otra cosa en las bacterias aparte del virus. Un gen del ADN bacterial tenía el poder de atenuar al virus. Los hombres de la Nasa trabajaron con él y lograron que en vez de atenuar al virus lo destruyera. Podrían crear un suero capaz de acabar con el virus, detener su efecto en el organismo. Eso podría presentar una salvación si el virus se propaga en el futuro. Y eso estaba contra los planes del sindicato. Si querían que el virus funcionara, la vacuna no debe existir.


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8



-Houston-Texas-Estados Unidos
-22/12/00-20:34 p.m.


Krycek y Scully volvieron a infiltrarse en las instalaciones de la Nasa. Esta vez iban con un objetivo claro. Obtener la cura. Volvieron con las credenciales falsas pero ahora las cosas fueron más difíciles. Había muchos hombres vigilando por todos lados. Cuando encontraron el cuarto de criogenia donde se suponía guardaban el antídoto, dos tipos enormes, al estilo de guardaespaldas de Hollywood, vigilaban el lugar.
Estuvieron esperando pero era inútil, los tipos parecían estatuas. Uno de ellos recibió un llamado y dejó la guardia, pero el otro se quedó. Krycek dijo que era la oportunidad. Ahora que estaba solo podían enfrentarse al guardia. Krycek le puso un silenciador a su arma y, en cuestión de segundos, el guardia estaba muerto y en el suelo. Scully le reprochó el método que estaba usando, pero entendía que era la única forma de salvar a Mulder. Ella misma había accedido a ayudar al fumador a pesar de las consecuencias.
Entraron en el cuarto de criogenia y encontraron lo que buscaban. En un refrigerador había contenedores etiquetados como “Trolls”. Krycek dijo que esos eran seguramente la vacuna. En la cultura celta, los Trolls eran duendes malévolos enemigos de los gnomos, elfos y silfos. Le pusieron ese nombre a la cura porque los Trolls devoraban todos esos “Duendecitos Verdes” que eran los gnomos.
Agarraron algunos contenedores y se los llevaron. Antes de irse, Krycek encendió un fósforo para incendiar el cuarto de criogenia, destruyendo los sistemas que lo mantenían frío previamente. El fuego ardía incandescentemente mientras iluminaba el rostro maléfico de Krycek. Scully tuvo que apurarlo para que dejaran ese lugar. Cuando salían fueron detenidos por dos tipos de la Nasa. Krycek le disparó a ambos pero, para su sorpresa, emanaban una misteriosa sangre verde y las balas no le habían provocado el menor daño. Alex Krycek entendía lo que sucedía. Se apresuró a cubrirse el rostro para no respirar ese zumo verdoso que chorreaba de los dos tipos y le ordenó a Scully que hiciese lo mismo. Se acercó a uno de los tipos y le arañó el rostro. Su máscara se salió y dejó a la vista su verdadera cara, con los ojos y la boca cocidos, sin rostro.


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9



-Houston-Texas-Estados Unidos
-22/12/00-21:48 p.m.


Krycek sacó una navaja de su bolsillo y se la clavó en la base de la nuca al hombre sin rostro. El sujeto cayó al piso irremediablemente, a medida que exhumaba esa enigmática sangre verde a borbotones. El otro tipo intentó tirársele encima pero Krycek lo esquivó. Quiso agarrarlo por le cuello pero Krycek le disparó y tuvo que alejarse. Agarró a Scully por el brazo y ambos huyeron del lugar. El fumador los esperaba con un auto en la puerta y se escaparon velozmente.
Viajaron durante más o menos una hora y pararon al salir del estado. Krycek le contó a Spender todo lo que había sucedido. Scully permanecía callada. Entonces el fumador la miró a los ojos y le acercó una de los contenedores de las vacunas, los “Trolls”. Se la dejó en la mano y tomó la palabra:
-Le agradezco mucho su ayuda. Krycek ni yo nunca hubiéramos podido introducirnos en ese sitio. Ahora conoce para lo que nos estamos preparando.
-Todavía no entiendo que es lo que ustedes están tramando, pero sería agradable que pudiera explicármelo- dijo Scully.
-Tal vez es mejor que todo quede así por ahora. Algunas cosas no deben ser develadas, algunas verdades deben mantenerse ocultas para algunas personas.
-Como es obvio que no me dirá nada, le pido que ahora me ayude a salvar a Mulder.
-Eso sí puedo hacerlo, aproveche esa caja que tiene a su lado, a los “Trolls”. Esa es la vacuna que librará a Mulder de su mal. Apúrese a hacerlo, antes de que se lleve a cabo el proceso de “eliminar la evidencia”- explicó el fumador.
-Llévese esa cura y salve a mi hijo del virus extraterrestre.


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10



-Pittsbugh-Pennsylvania-Estados Unidos
-24/12/00 (Víspera de Navidad)-22:37 p.m.


La agente Scully entró a las instalaciones acompañada por Skinner y Los Pistoleros Solitarios. La agente le dio las instrucciones de lo que debían hacer a los médicos y les facilitó un frasco etiquetado con la palabra “Troll”. Scully y los demás se quedaron observando desde afuera mientras los médicos trabajaban sobre Mulder. Luego de varios movimientos, uno de los médicos introdujo el líquido del frasco que le dio Scully en un tubo que entraba en el ataúd de metal que resguardaba a Mulder.
Pasaron algunos minutos hasta que otro de los médicos dio por finalizada la operación. Abrieron el ataúd de metal y Mulder se levantó lentamente. Las erupciones rojas que cubrían todo su cuerpo fueron desapareciendo poco a poco. Sólo estaba algo entumecido por el congelamiento.

Durante la tarde siguiente, Scully fue a visitar a Mulder al hospital. Se estaba recuperando pero el virus extraterrestre ya había desaparecido de su organismo. Estaba sano y vivo. Scully lo despertó y le habló:
-Feliz Navidad Zorro Tenebroso.
Se quedó con él largo rato contándole cada uno de los sucesos que habían acontecido mientras estaba congelando -aunque no fue muy explícita en algunos detalles que ni ella entendía-. Luego de acabar su relato, Mulder le dijo que tenía algunas preguntas para hacerle:
-Según lo que cuentas, Spender te dio un congelador repleto de Trolls, y tu usaste sólo uno frasco. ¿Qué hiciste con el resto?.
-Lo tengo muy bien guardado, en el caso de que alguna vez lo vuelva a necesitar- dijo la agente.
-Puede ser que sea necesario producir la vacuna en masa, no sabes cuál sería el próximo paso que tomarían los hombres de Spender o los sujetos sin rostro de la Nasa.
-Spender me aseguró que el virus era para algo en el futuro, pero no para despoblar el planeta. Por otro lado Skinner fue esta mañana a Pittsburgh y las instalaciones allí ya no existían. Entonces llamé a Houston y me informaron que en el lugar donde Krycek y yo conseguimos la cura se había provocado un gran incendio. Todo se había consumido entre las llamas.
-¿Crees en la palabra de Spender?- preguntó Mulder.
-Quiero creer. Tuve que creer hasta ahora. Gracias a su palabra sigues vivo.
-Pero no gracias a sus métodos. Por lo que ellos estuvieron haciendo casi termino en las garras de ese virus alienígena- contestó Mulder.
-¿Sabes qué?, hoy estuve pensando seriamente en la ayuda que nos facilitó el fumador para preservar tu vida. Sino hubiera sido por él seguirías congelado. ¿Crees todavía que el es tu enemigo?. Quizás no te vea a ti como un enemigo, sino como algo más cercano a un amigo.
-¿Cómo una marioneta?. Ese tipo lo único que quiere es ver mi cadáver para pisotearlo.
-Entonces por qué no te mató antes. No puedes negar que haya tenido alguna otra oportunidad de hacerlo. ¿Recuerdas la carta de George Spender, en la que te confesaba todo sobre este caso?, ¿piensas todavía qué el hermano del fumador escribió esa carta agonizante y en coma, con una bala incrustada en un pulmón?, ¿podría haberla escrito antes del disparo, a pesar de que te haya dicho que todavía no tenía la información suficiente, y luego la pudiera poner sobre su cama para que tu la vieras aquel día?- explicó Scully.
-¿Qué tratas de decirme?.
-Que debe haber alguien más con la intención de ayudarte y, probablemente, sea la persona que menos piensas.

Después de un rato llegó el doctor para preguntar si no tenían problema en que alguien más visitara a Mulder. Un anciano con rasgos indígenas entró en la habitación. Los agentes no entendían nada hasta que llegó Skinner y les contó que él anciano era llamado Lobo de Río. Era el mismo chamán anazasi que había introducido al subdirector en el tema de las leyendas y del Salvador.
El anciano se sentó junto a Mulder y posó su mano en la frente del agente. Parecía que con sólo ese gesto ya estaba todo dicho entre ambos. No hacían falta más palabras, todo estaba muy claro. Skinner y Scully se quedaron mirando perplejos. Tampoco quisieron decir palabra alguna, sentían que interrumpirían algo. Lobo de Río miró a Mulder fijamente a los ojos y el le devolvió al mirada:
-Tú sabes quien eres, tú sabes para que estás aquí, cual es tu misión en este planeta- dijo el anciano anazasi.
-Ahora lo veo claro, yo soy Zorro Tenebroso, nacido bajo la estrella que guió a los anazasi y los previno- respondió Mulder en un estado casi hipnótico.
-La Tierra está en tus manos, pero el peligro todavía está acechando, no es la hora del fin... por el momento. El mal que viene de más arriba de las estrellas, el “astro enorme que caerá del cielo”, aún se encuentra muy lejos. La hora para que entres en acción sigue sin ser calculada. Tu debes permanecer callado hasta que seas llamado para cumplir la misión que te ha sido asignada desde hace cientos de años.
El anciano se paró y, saludando a Skinner y Scully, dejó la habitación. Mulder se había quedado inmóvil mirando al infinito. Parecía que había algo revoloteando por su cabeza. Algo que sabía pero no decía. El agente se quedó pensando y meditando. De su cerebro se habían borrado todos los recuerdos sobre las leyendas anazasi, sobre “el Salvador”.
Se quedaron los dos agentes y Skinner mirando por la ventana de la habitación. Ya estaba oscureciendo y las primeras estrellas mostraban su brillo. ¿Qué habrá más allá del cielo y mantenía sin descanso a los anazasi?.





-Isla Victoria-Territorios del Noroeste-Canadá
-31/12/00-12:11 p.m.


El fumador Spender apagaba su cigarrillo mientras observaba a los enormes camiones transportar los contenedores refrigerados hasta una pequeña base en forma de cueva que habían instalado en el confín del mundo, donde la nieve y el hielo son permanentes y los rayos del Sol nunca dejan su calor. En un lugar donde los pájaros no cantan, ni siquiera en primavera. Un lugar por el que la gente no suele pasar, en donde tardarías siglos en encontrar algo. El lugar perfecto para esconder la mayor arma que jamás haya puesto un pie en el planeta. Un arma biológica, un virus extraterrestres capaz de acabar con toda la vida existente. Unos simples “Duendecitos Verdes”.
“La Tierra estuvo muy cerca de final, cerca del apocalipsis, del gran cambio en el que el ser humano dejaría de dominar y someter al resto de las formas de vida del planeta. Si el virus se hubiera esparcido en la Tierra, todo dejaría de ser como lo conocemos. En poco tiempo sólo quedaría una roca desierta y árida en espera. ¿Esperando a otra forma de vida que la poblase?, ¿alguna raza del espacio en busca de un planeta desierto?.
El planeta estuvo a punto de terminar como Marte, pero las cosas sucedieron como para impedirlo. Por ahora. La Tierra estuvo cerca de concluir en el olvido, y el mayor porcentaje de sus habitantes ni siquiera imaginaron que era lo que sucedía.
Pero el temblor todavía no finalizó. Todavía hay algo allá afuera que acecha a la humanidad. Algo oculto en la oscuridad infinita del cosmos y asediando, sin mostrar sus verdaderas garras. Aún no atacará. Se está preparando de a poco, tal vez con espías entre nosotros, colaboradores, conspiradores. Sin embargo el género humano tiene una esperanza. Un hombre con el poder para detener la hecatombe. La vida podrá seguir corriendo mientras este sujeto cumpla su misión. Una misión asignada desde hace cientos de años e ideada por visitantes del espacio y comunicada a aborígenes americanos, una raza de indios anazasi que cambiaron su vida sólo por pregonar el mensaje.
La Tierra está cerca de la masacre, pero el Salvador sigue vivo para impedirla.”


¿FIN?



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